La presencia del arpa en la música contemporánea no es algo que se vea todos los días. Sin embargo, para esta artista el instrumento no solo es parte de su sonido, sino también el eje emocional y creativo de su proyecto. Desde que la descubrió siendo apenas una adolescente, en un encuentro casi fortuito en internet, el arpa se convirtió en su compañera inseparable y en la herramienta con la que ha construido una propuesta musical profundamente personal.
Su más reciente álbum, “La Grieta”, es quizá el reflejo más honesto de ese camino. Un disco nacido en medio de pérdidas, cuestionamientos espirituales y una mirada más crítica hacia el mundo que la rodea. Entre la introspección, la espiritualidad y las cicatrices que dejan ciertos momentos de la vida, la artista ha encontrado en la música un espacio para reconstruirse. En esta conversación, Musgö nos habla sobre su relación con el arpa, el proceso emocional detrás del álbum y la emoción de presentarse por primera vez ante el público mexicano.
Me encanta que en tu proyecto el arpa tenga un papel tan protagonista. ¿Cómo llegaste a la decisión de convertirla en el instrumento central de tu música?
Llevo mucho tiempo con el arpa; la toco desde los 13 años aproximadamente. Recuerdo que llegó a mí por casualidad. Estaba buscando otra cosa en internet cuando apareció una por primera vez y fue un flechazo inmediato. Me enamoré al instante. Ni siquiera sabía cómo se llamaba el instrumento (risas), pero sentí que iba a ser muy importante en mi vida. Desde entonces he recorrido muchísimos caminos, y todos han sido de la mano de mi arpa.
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¿Cómo crees que ha influido tocar arpa en tu carrera? Me imagino que, donde sea que vayas, la gente se queda mirando cuando sacas el instrumento.
Sí, roba muchas miradas (risas). Es un instrumento muy curioso que llama mucho la atención. De hecho, cuando conozco a alguien y me pregunta qué instrumento toco, su reacción casi siempre es la misma: “¿El arpa? ¿En serio?”. Mucha gente ni siquiera la ubica o se sorprende de que todavía se use hoy en día.
Pero la verdad es que me ha traído muchas cosas buenas. También he tenido que enfrentar ciertos prejuicios. Por ejemplo, cuando me subía a algún escenario a improvisar y veían que sacaba el arpa, a veces otros músicos preferían bajarse porque pensaban que iba a cambiar completamente el ambiente. Con el tiempo he ido avanzando y rompiendo esas ideas. Hoy siento que no podría haber elegido una mejor compañera.
El año pasado compartiste tu más reciente material discográfico, “La Grieta”. ¿Hay algo en particular que te gustaría que el público supiera sobre este álbum?
Es un disco que fue tomando forma a partir de varios acontecimientos que ocurrieron en mi vida. En realidad nunca tuve una idea completamente definida de lo que quería hacer; el proceso se fue dando de manera muy natural.
Uno de los momentos más duros fue la pérdida de mi mejor amiga, que lamentablemente falleció de cáncer. Yo soy una persona muy creyente, muy espiritual, pero después de lo que pasó perdí un poco la fe en Dios y también en la humanidad. Me sentía muy abandonada, no podía entender lo que estaba pasando.
Al mismo tiempo, el mundo atravesaba momentos muy difíciles: conflictos sociales, una invasión, confrontaciones armadas… Todo eso me llenó de una oscuridad muy fuerte. Incluso llegué a cuestionarme si Dios realmente existía. Fue un momento muy doloroso.
Con el tiempo, poco a poco, fui encontrando nuevamente mi camino y reconciliándome con mi fe. De eso trata el disco: de reencontrarse con uno mismo, con lo que uno cree, con esa desesperación por salir de los momentos más oscuros y buscar ayuda o refugio. Creo que por eso existen tantas mitologías y tantas formas de creer, porque las personas necesitan encontrar un lugar donde sostenerse.
A partir de esa experiencia empecé a ver muchas “grietas” en el mundo. Antes yo veía la realidad de una manera muy optimista; siempre he sido de confiar mucho en la gente y de pensar que nadie quiere hacer daño. Pero a raíz de todo esto empecé a mirar también ese lado más oscuro, y de ahí nacieron muchas de las canciones.
¿Qué tipo de historias o temas encontramos dentro del disco?
Hay canciones muy distintas entre sí. Por ejemplo, hay una que habla sobre la guerra. Otra que se llama “Perdiendo el brío”, que trata sobre cómo la sociedad muchas veces intenta moldearnos para que seamos algo que en realidad no somos.
También hay temas que se acercan más a la espiritualidad y a ese proceso de búsqueda interior. Curiosamente, fue hasta que terminé el disco y se publicó cuando me di cuenta de que lo había escrito desde un lugar muy oscuro, del cual afortunadamente pude salir.
Ahora me siento muy agradecida de poder compartir todas estas canciones con mucho amor y con una energía completamente distinta.
Pronto tendrás un show muy importante en la Ciudad de México, donde te presentarás en el CCE. ¿Cómo te sientes ante este concierto?
Estoy muy ilusionada y profundamente agradecida por esta oportunidad. El esposo de mi mejor amiga —de la historia que te conté— es mexicano y va a estar ahí, así que eso me emociona muchísimo.
En realidad, ella siempre quiso llevarme a México. Por eso, estar tocando mis canciones allá será también una forma muy bonita de honrarla. Además, me entusiasma mucho poder compartir el folklore de mi tierra, conocer gente nueva y descubrir más sobre la cultura y la mitología mexicana. La emoción que tengo es enorme.
Estoy seguro de que, de alguna manera, tu amiga estará presente contigo en ese momento.
Sí, seguro va a estar por ahí tomándose un mezcalito (risas).
¿Ya habías tenido oportunidad de visitar México o esta será tu primera vez?
Nunca había ido, esta será la primera vez. Llevo muchos años queriendo viajar allá, así que estoy segura de que será una experiencia maravillosa.
Se dice que México tiene uno de los mejores públicos del mundo. ¿Has escuchado algo al respecto?
Sí, justamente eso es lo que me han contado. Voy con muchísima ilusión. Tengo varios amigos artistas que ya han tocado en México y todos regresan maravillados.
Solo he recibido comentarios hermosos: que el público vive la música de una manera muy especial, con el corazón muy abierto. Así que estoy deseando experimentar eso en persona.
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Iván Salazar