Alex Ferreira: pausas para la vida en 'El Arte de Esperar'

Alex Ferreira: pausas para la vida en 'El Arte de Esperar'

Alex Ferreria construye un camino de 37 minutos pavimentado por diez pistas que retoman la instrucción de la paciencia mediante señaléticas de amor, comunicación y asertividad. 'El Arte de Esperar' es una construcción sonora que delata la calmada urgencia de comprender a la pausa como un impulso a la pericia encaminada hacia la ruta del porvenir.

Es mediante la voz, la guitarra, el piano y una mezcla de recursos electrónicos que Alex Ferreira regresa a la música después de un reposo de tres años -sin tomar en cuenta la afortunada reversión de sus éxitos- con melodías que parecieran brotar de 'Canapé', pero alimentada con experiencias nuevas, tales como la paternidad.

Las anestesias temporales para contemplar las anécdotas positivas y negativas en la vida son el discurso de esta nueva placa, nutrida por sonidos característicos del dominicano como el rock alternativo, indie rock, dark pop y electropop en mezcla con sonidos caribeños y tropicales que realzan sus raíces musicales.

Producido por el propio Alex Ferreira, en compañía de Germán Reccitelli, 'El Arte de Esperar' descansa sobre la cotidianeidad del amar, sin olvidar la diversidad de enfoques que este sentimiento tiene, y se acomoda entre el dolor y el gozo para entregar un manual de supervivencia sobre la vida misma, desde la óptica romántica.

El álbum es un vertiginoso viaje sonoro a las entrañas del amor, iluminado por coros y armonías para otorgar textura y riqueza a la misma voz de Ferreira; que fluye por el despertar del tiempo y de la naturaleza humana.

Las pausas de amor en 'El Arte de Esperar'

Detenerse para contemplar a la multitud de gente dentro del metro, un anuncio sobre la carretera o un nuevo edificio en el paisaje urbano puede ser uno de los pasos comunes dentro de la rutina diaria, pero cuando se contempla una abstracción, como el amor, los sentimientos emergen de manera más orgánica, pero a la vez, más conflictiva.

“Demasiadas Cosas” es una de esas canciones que ponen en choque al hartazgo y la quietud al interior un mar de información que la realidad exige adquirir, mas hace resonar la importancia de las personas como respiros que desvinculan del contexto para ser un salvavidas dentro de la agitación emocional.

La melodía pone en evidencia la facilidad con la que se pierde el rumbo, pero hay ejes de carne y hueso que redireccionan la conciencia hacía los propósitos y sueños marcados; es un recordatorio de que las pausas también son necesarias para seguir creciendo.

Más adelante, “Monte Adentro” retoma al amor como una experiencia demandante de elementos o herramientas que la construyan. La lírica hace un símil de los cuerpos como un monte, el cual debe ser explorado mediante un viaje sensorial que se enfrenta a las acciones inciertas del querer.

Por si fuera poco, la rutina y los paisajes urbanos cercanos también son solicitados por la pluma de Ferreira. En “Oxxo” hace de lo cotidiano algo alucinante, pues en la simplicidad de una propuesta romántica de encuentro es que halla la agitación por domar al miedo que la rutina puede causar y la hace descansar sobre la adaptación, el entendimiento y la renovación de estas para lograr un bienestar dual.

Mientras que, “Sentido de la Vida” deja escapar el encuentro con el amor más novedoso del artista: la paternidad. La canción contempla lo repentino que es el amor y retoca las acciones que hacen de la experiencia paternal una ruta irónica, por ser alborotada, pero otorgar paz.

Este último track demuestra lo escalofriante pero excitante que es vivir, porque en esta recuerda que el sentido de la vida se infunda, se aprende, se reaprende y se transmite; es en la multiplicidad de las perspectivas que la existencia humana tiene su enriquecimiento.

Las pausas dolorosas en 'El Arte de Esperar'

La placa reconoce que en la vida debe existir una contraparte aún más aterradora que el amor mismo, ese es el tormento post amoroso. Alex Ferreira reposa sobre estas complejidades sin irrumpir en el proceso de crecimiento personal.

Es la segunda pista aquella que agita el polo oscuro del amor. “Prefiero que me duela” requiere atarse de las heridas como método de sobrevivencia ante las emociones negativas de la fase post romántica, pues es así como se llega a la bravura de aceptar las dolencias afectivas; realiza un enfrentamiento con el desconsuelo para llegar al crecimiento.

Enseguida “Bumerán” confecciona una hipérbole emotiva sobre la terquedad y la negación, porque las pausas también son para extrañar y dar patadas a la pared sobre todo aquello malogrado. El tiempo es el eje central de la melodía, porque entiende al dolor como una espera atemorizante que delata el miedo y obstruye el paso a la ventura.

Hace del artefacto un sentimiento, pues recuerda que un boomerang no sobrepasa su eje; esto como un símil de la terquedad por permanecer en un sitio que daña.

Es “Precisa Tiempo” una faceta retadora al interior del amor, que pone en contienda a la pena y el gozo. Con una lírica simple pero filosa, delata una pausa necesaria para comprender las acciones encaminadas a la concreción y la estabilidad de una relación.

La melodía es un abismo de emociones, porque tira al fondo la romantización del amor y no olvida que las contradicciones intrapersonales también hacen eco, pero bien comunicadas pueden iluminar la penumbra romántica.

Pronto “Elefante” retoca una personalidad inquieta y venternera de entendimiento y complicidad, pero que solo encuentra tenues acciones que crean confusión y dificultad dentro de la singularidad de los plurales románticos.

La canción enfatiza lo cíclico que puede ser el amor cuando no existe comunicación. Un giro sinfín que tropieza en la desconfianza e indiferencia y que, en cualquier momento, se puede descarrilar por la superación del verbo sobre la acción.  

La pista nueve es “Bailando con mi Sombra”, una melodía que reflexiona sobre las ausencias y cómo se convierte en una oportunidad para reconocerse a sí mismo, sin olvidar lo sucedido, pero aprendiendo a retomarlo como algo positivo; los descansos a causa del infortunio también pueden convertirse en resbaladillas hacía el bienestar personal: “Guardo para mí lo que el olvido no devora”.

Las pausas inquietantes 'El Arte de Esperar'

La vida en sí misma es complicada, por lo que tomar un aire para comprenderla siempre será pertinente. Es por lo que la segunda mitad del álbum inicia con la canción homónima de 'El Arte de Esperar' y pone en lo alto el concepto de este.

La melodía acaricia la serenidad necesaria para lograr lo que se necesita, quiere y espera lograr. En ella, Ferreira pone sobre la mesa al amor, pero delata sobre todo la individualidad; una que en su construcción requiere tiempo y paciencia para que las cosas sucedan.

La inquietud, el desasosiego y la agitación son las sensaciones excluidas de este track; uno que aprecia el presente  y recibe el porvenir con dicha. 

Lo incierto del destino marca la literariedad de la canción; sentirse vivo a partir de la eventualidad, sin atarse a los achaques de la cotidianeidad humana, como el sobreanálisis, el cambio y la consciencia de merecimiento. 

'El Arte de Esperar' es una confección sonora que genera un recordatorio necesario para la vida, el de la obligatoriedad de colocar el semáforo en rojo y tener frenos para llorar, reír, gritar, soltar, crecer, aprender, amar, crear… para vivir. Con esto, Alex Ferreira expone que la vida siempre está llena de pausas funcionales y disfuncionales, pero todas apuntadas hacia el porvenir.

El reloj y el llanto, al inicio y término del álbum, no son coincidencia, sino un distintivo del despertar biológico y social; porque las pausas también tienen un final, necesario para seguir emprendiendo el camino hacía las metas y alcances subjetivos.

Alex Ferreira demuestra que la vida es como un auto que conduce entre las carreteras del tiempo y se puede desviar a causa de lo baches del entorno, pero es en momentos de ajetreo cuando el amor, en sus múltiples formas, se convierte en una parada oportuna para dejar que las vías se reconstruyan y se logré continuar el camino.

En una actualidad que busca la agilidad de las decisiones y las acciones, resulta contradictorio reposar; es ahí donde 'El Arte de Esperar' no dicta dicha contradicción como un obstáculo para la vida, sino como una herramienta funcional para su manejo.