¡Quiquiriquí! Valeria Dávila domina el Bajo Circuito en CDMX

¡Quiquiriquí! Valeria Dávila domina el Bajo Circuito en CDMX

Risas, bebidas y murmullos eran los elementos que colisionaban al interior del Multiforo Bajo Circuito el pasado 20 de febrero. Con un ambiente que se balanceaba entre la quietud y el desasosiego, ambas sensaciones direccionadas hacia al anhelo de una sola cosa: escuchar a Valeria Dávila.

El sosiego se desprendió por un momento de los asistentes, que reunieron sus ánimos para recibir a Ay, Lena. Con una mezcla de voz suave y letras intrépidas, las canciones sobre la experiencia humana, como la crisis veinteañera, el romance y el rompimiento amoroso aprehendieron la atención de algunos cuantos.

El ambiente recreó una cotidianeidad de la música independiente, dónde las voces, los instrumentos y las almas se enmarañan positivamente para ampliar el repertorio musical de aquellos a los que llaman melómanos; qué gratificante crear redes socorridas en la independencia musical, pues en palabras de una fan: "No la investigué, pero ahorita la conocemos".

Ay, Lena se despidió, no sin antes agradecer a Valeria Dávila por la oportunidad, la que se convirtió en una presentación que encandiló pertinentemente los motores para la noche que apenas empezaba.

Los minutos pasaron y poco a poco el escenario comenzó a tomar forma; uno a uno tomó su lugar. Instrumentos listos, pero solo faltaba un sitio, el de la persona detrás de 'Montañas del Sur'.

Eran las 22 horas, cuando el humo se elevó, los amplificadores vibraron y un par de botas negras tocaron el escenario. La silueta se completaba con un vestido negro con blanco, pulseras sobre las muñecas y un sombrero, atuendo que abrazaba a Valeria Dávila con una esencia dosmilera.

“Aquí vienes a llorar”, dijo, mientras el entorno se envolvía de gritos y aplausos acompañados de la resonancia de “Imaginarlo”, arropado por un juego de luces que brincoteaba entre blanco y azul.

Pronto “Nada es Personal” agitó los cuerpos semi estáticos de los asistentes y remató con un “¡Bienvenidos a Montañas del Tour, cabrones!”.

En el sitio se engendró un sentimiento de animosidad cuando Valeria Dávila colocó sobre sus manos una guitarra blanca con ositos cariñositos multicolor pegados sobre esta, un acto que dio apertura a “Te Vas a Morir”. El dinamismo de la gente se impulsó y en una acción colectiva las linternas de los celulares tomaron un tono azulado al son del verso: “Esto es lo único que tengo”; las luces brillaban como una muestra de apoyo no solo a la artista, sino a la persona que ha configurado el proyecto de Valeria Dávila.

"Qué bonito ver tanta gente", mencionó. Una frase que tuvo como respuesta algunos gritos enternecidos por su llegada.

La presentación siguió su ritmo con “¿Sigues bien?”, una canción que le otorgó la escaleta identitaria al proyecto y que aturdió los sentimientos de aquellos adoloridos por el amor, sensación verbalizada entre gritos que decían: “¡Esa no!”.

Continuó con “Patadas a la Pared”, momento en que los sentimientos ya se habían removido desde el amor romántico y el personal, sin embargo, Valeria Dávila decidió no dar tregua y continuar la noche con una inspiración más pura, el de la familia.

Sonó “Parpadeando” y le siguió “Brillo y Lentejuela”, ambas confeccionadas desde una lógica melancólica y esperanzadora de estar siempre con las personas más importantes. Con luces amarillas y rosas, el público retomó un estado de inacción corporal, pero sin abandonar la verbal, a través del múltiple coreo que aumentaba.

El lugar continuó con una energía creciente cuando inició “Fin de Semana”, que delató a los seguidores más fieles de Valeria Dávila, al reconocerla como la canción que dio luz verde a su carrera musical.

Complicidad y amistad desde Montañas del Tour

En un sitio en el que el alma y el cuerpo se vuelven uno mismo, al agitarse como consecuencia de la efervescencia sensorial se vuelve casi un pecado la estática corporal, sin embargo, hay algo en los momentos de calma que se vuelven apreciación, porque no denota aburrimiento, sino una pausa positiva; “Extraños” y las siguientes canciones se convirtieron en eso, un momento de encuentro para la sorpresa, la alegría y la intimidad.

“Extraños” abrió paso entre el público, al ser dedicada especialmente a Sergio, amigo de Valeria Dávila, que se hallaba entre el público. Con celulares en mano y bullicio, la canción se sintió como un mensaje de bravura y optimismo para todo aquel que pasaba un mal momento amoroso.

Al momento llegó Chucho Rivas, con quien entonó “El Día Estuvo Cabrón”, melodía que brilló sobre el escenario y más allá de él por la interpretación de ambos artistas; el público reaccionó con un grito de reverberación constante que invadió el lugar.

La noche continuó cumpliendo peticiones con el cover de “Tu Misterioso Alguien”, de la famosa banda argentina Miranda, la cual nadie se quedó sin corear.

El temple bajo y Valeria Dávila reiteró su agradecimiento al público, y recordó un apreció, gratitud y admiración especial a los miembros de la comunidad LGBT+: “Aquí amamos a los gays”, dijo, tan solo momentos antes de presentar a la siguiente invitada de la noche, ANASOF, quien se le unió para cantar “Secreto”, una pista impaciente por destruir la discreción y celebrar el amor por igual.

“Este secreto es como gritar en silencio”, cantaron al unísono ambas artistas, atadas al escenario por un dominio orgánico e inminente.

Valeria Dávila y un cierre efervescente en CDMX

Los ánimos estaban en lo alto y los asistentes lo transmitían sin cesar a través gritos y aplausos lanzados al escenario, aquellos que eran recibidos con una sonrisilla constante desde allá; por ahí dicen que una sonrisa vale más que mil palabras y Valeria Dávila lo confirmó decenas de veces aquella noche.

“Esta es la canción más triste que vas a escuchar”, dijo Valeria Dávila, antes de vincular la emoción del público con el dolor intrínseco que transmite “Tal Vez Nunca Lo Fue”, a través del movimiento de decenas de luces rosas.

La noche apuntaba a su final. Valeria Dávila persistió en el paisaje agridulce del amor con “Florecer”, “¿Esto Dónde se Acaba?” y “Huracán”.

La exaltación emocional no hallaba cabida en un público enérgico, que respondió al primer sonido de “Cambio de Ciudad”; saltos, gritos y aplausos emanaron sin cesar de cada uno de los presentes, principalmente de aquellos ubicados en las primeras filas.

“Los amo, gracias por estar aquí”, dijo; a lo que el público respondió: “Negativo, negativo, negativo”, al pedir una de las canciones más apreciadas de aquella velada; la artista no falló y enseguida “Negativo” llevó a los cuerpos hacia un cataclismo funcional de emociones.

Con un cierre deseado Valeria Dávila abrazó el dolor, ánimo y ferocidad de los fanáticos de la Ciudad de México y recordó la fuerza que se silencia a gritos en las entrañas de la música independiente, una que ruge y pisa con persistencia, ya sea en botas o tenis azules, sobre los escenarios para impactar en la sensorialidad de las personas… porque quedó comprobado que 'Montañas del Sur' es un álbum que se baila con lágrimas en los ojos, pero una sonrisa en el alma.  

El público se quedó coreando “¡Otra! ¡Otra!”, lo que sirvió para demostrar que el gallo azul deberá quiquiriquear más seguido junto a los fanáticos de esta ciudad que quedaron con ganas de más Valeria Dávila