La industria musical no se detiene, es una maquinaria que día a día avanza y evoluciona. En la actualidad, esa maquinaria se ha inclinado por los números, por las estadísticas, por los seguidores y por las reproducciones. En medio de tantos datos, números y gráficas, los artistas a veces se olvidan de algo muy importante: La música que publicas hay que defenderla y hay que hacerlo en un escenario y frente al público.
Sotomayor es una banda mexicana conformada por Paulina y Raúl Sotomayor, dos hermanos que aunque tuvieron que pausar su proyecto por las dificultades presentadas durante la pandemia hace seis años, se reencontraron en el estudio para admirar la impermanencia, el cambio y la imperfección que conlleva crear música juntos, y nos entregan su segundo disco: ‘WABI SABI’.
Platicamos con Sotomayor sobre la filosofía detrás de su nuevo disco, los cambios que han visto en la industria después de estos años, de cómo hacer música también significa defenderla en el escenario, y de lo que veremos en su próximo show el 26 de marzo en La Maraka.
Jorge Esqueda: Vienen de una pausa, entiendo quizás un poquito medio obligada por las cosas que pasaron, como la pandemia, pero ¿cómo ha sido individualmente y ahora que están juntos después de tantos años? Porque digo, no solo se juntaron para hacer música, ustedes son hermanos, entonces siento que es un proceso diferente. ¿Cómo ha sido todo después de la pausa que tomaron en el proyecto?
Sotomayor: Pues la verdad es que fue muy padre ver lo fácil que era para nosotros trabajar. Eso ha sido parte del descubrimiento de este disco, porque pasaron casi seis años sin que hiciéramos música juntos. No es que dejaramos de hacer música; cada quien estaba haciendo sus cosas por separado. Pero de pronto reencontrarnos en el estudio y darnos cuenta de lo fácil que era fue muy grato.
Este disco se hizo súper rápido. En cosa de dos semanas ya teníamos 30 canciones de las que escogimos como 10. Y ver eso, que hay un entendimiento entre nosotros como hermanos que ha estado todo el tiempo, y que las cosas que aprendimos por separado, solo lo hicieron más fuerte.
JE: Ahora que con este disco celebran 10 años del proyecto, mencionas que es muy agradable saber que tienen esa facilidad para trabajar. Pero desde que empezaron con el proyecto hace 10 años y ahora, ¿notan alguna diferencia en el proceso creativo, en grabar, en componer?
SM: Sí, pues en realidad este disco lo hicimos por primera ocasión desde cero, juntándonos más en el estudio de Raúl, que tiene su estudio ahí en la Cuauhtémoc desde hace unos años. Antes no se tenía un lugar de trabajo en específico, porque cuando empezó Sotomayor hacíamos todo directamente en la compu de Raúl, y siento que es muy grato tener un espacio para trabajar; eso ha funcionado mucho para nosotros. Obviamente puedes conectar todo, tener flexibilidad de horario, y eso es buenísimo. El hecho de poder contar con esos elementos en el mismo espacio es muy bueno. También antes nuestro proceso era más de: “Ah, bueno, pues mira, yo tengo este beat, te lo mando Pau, y entonces tú escríbele algo”. Y ahora podíamos tomar todas las decisiones juntos en el mismo momento.
Eso fue para la preproducción, que fue hecha toda en México, y luego hicimos parte de la producción en Puerto Rico con Eduardo de Calle 13, que es la misma persona que produjo con nosotros el disco de ‘Orígenes’. Una de las cosas que estábamos buscando para este ciclo era ponernos otra vez en contacto con la gente que le tiene cariño al proyecto y que ha formado parte de nuestra familia cercana: amigos súper conectados con nosotros, gente que nos ha apoyado. Y así fue. Entonces ahora que ya tenemos todo el disco concluido, ha sido muy grato ver cómo todo se gestó en poco tiempo. En realidad, en cuestión de un año se concluyó todo el disco, en distintas temporadas.
JE: Sí, al final como los dos siguieron haciendo música, digamos que no fue una pausa total, sólo una del proyecto, pero los dos siguieron evolucionando y creciendo. Y obviamente eso ayudó para este reencuentro.
Hablando del concepto del disco, porque la verdad es que esto de Wabi Sabi me parece muy interesante, dentro de la definición, digamos que anoté que significa que nada es permanente, todo cambia con el tiempo, y que la imperfección y el valor de las cosas están en la historia misma.
¿En qué momento de este disco la impermanencia, el cambio y la imperfección se volvieron fortalezas del mismo?
SM: Yo siento que desde el principio. Algo que se ha hecho visible para nosotros es esta idea de que no es nada más la perfección o la imperfección en el producto, en la música, sino en el camino. Las cosas nunca van a ser como quieres que sean; el camino hacia lo que quieres lograr siempre va a ser imperfecto. Y lo sentimos mucho porque la pandemia fue súper dura con nosotros, con ‘Orígenes’ y con el proyecto. Sotomayor venía creciendo muchísimo y de pronto todos los planes que teníamos se vieron truncados por la pandemia. Entonces esa idea de que el camino no va a ser como tú quieres fue lo que detonó hacer este disco.
Yo hablé con mi hermana porque se iban a cumplir 10 años de Sotomayor y quería darle continuidad a lo que veníamos trabajando. De cierta forma hacer un final de ciclo y un principio al hacer este disco. Y hacerlo desde lo musical. No nada más decir “aquí estamos y ya volvimos a tocar”, sino hacer un disco y ver qué pasaba a partir de eso.
La música también se siente así, nunca va a ser perfecta o nunca va a ser el concepto de perfección que tienes en la cabeza, pero es nosotros, es lo mejor que pudimos dar, y eso lo hace perfecto.
JE: Sobre este mismo concepto,Wabi Sabi, ¿cómo lo interpreta cada uno? No solo en la música, sino a nivel general.
SM: Yo creo que también a nivel personal es una gran manifestación. Muchas de las cosas que nos ocurren como seres humanos, viviendo en una rutina, a veces nos hacen decidir unas cosas u otras. Aceptar esta filosofía de que a veces las cosas no son perfectas o no salen como tú quieres, es importante. Hay que ir aceptando cómo se van dando ciertos pasos en la vida para sentirte acorde a lo que estás viviendo, y no frustrado o ansioso por cosas que tal vez existen más en el “hubiera”. Creo que es importante aprender a soltar.
JE: Y ustedes, siendo hermanos y sabiendo ahora que siempre les ha sido fácil trabajar juntos, ¿qué tanto puede aplicarse este concepto para una relación de hermanos que además hacen música juntos?
SM: Es interesante porque de pronto para nosotros hacer música se volvió nuestro trabajo. Es algo que se comenta mucho incluso entre otros músicos: nos ven como exitosos en el sentido de que siempre hemos podido vivir de la música. Pero pasó que eso era lo que Pau y yo compartíamos. Hacíamos música juntos y nos veíamos, si no diario, casi diario. Por lo menos diario nos escribíamos porque había un mail o algo que contestar. Y cuando dejamos de hacer esto, también nos dejamos de ver, porque ya no había una razón más allá de “ah, pues es Navidad”. La música creó este vínculo entre nosotros y volver a eso es lo que motivó todo alrededor de este disco.
JE: A veces es complicado cuando existe algo muy fuerte que te une con tu hermano, porque cuando se acaba es como: “¿y ahora de qué hablamos?”. También me ha pasado. Tengo un hermano mayor y una menor, entonces también siento que puede pasar.
SM: Por ejemplo, ¿la música es un canal entre ustedes como hermano mayor y hermano menor, y así?
JE: Con mi hermana menor más que nada, porque ella sí adoptó muchos de los gustos que yo tengo; mi hermano mayor no.
Ahora, hablando ya un poquito más de lo musical y de todo esto del disco, siendo esto un concepto filosófico y profundo, ¿qué tan complicado fue reflejarlo tanto en las letras como en los sonidos del disco?
SM: Yo siento que tienen un buen balance. De hecho, algo que se buscó desde un principio era no hablar en las letras de cosas banales o superficiales, sino más bien de cuestiones con más profundidad. Enfocarlo en esta cuestión de la identidad, del autodescubrimiento. De repente hablar, tal vez, de crisis emocionales, pero no necesariamente yendo a ese punto tan literal, sino buscando analogías con las que otras personas lograran identificarse.
Y creo que sí, de repente hay ciertos tracks que se sienten un poco más oscuros, pero hay tracks que se sienten luminosos. Creo que tienen una buena paleta de colores, tanto emocionalmente como a nivel melódico. Y también muy diverso en términos de géneros. Hay dancehall, hay un poco de afrobeat, hay unas canciones que son más electrónicas, hay otras canciones que son un poquito más latinas. Entonces siento que sí se buscó un equilibrio.
En un principio las canciones sí estaban más enfocadas a la pista de baile y a que fueran más electrónicas, y ya en el momento de la producción se decidieron otras cosas, como meter más instrumentos para que sonara más orgánico.
Y siento que se logró un balance bonito entre ambos. También para nosotros fue una sorpresa porque, aunque tuviéramos referencias desde un principio de cosas que nos gustaban y que tal vez las canciones eran diferentes, siento que de una u otra forma al final se terminaban escuchando muy en la identidad de Sotomayor. Y eso fue muy grato también, entender que sí tenemos un sonido muy específico y que las canciones están ahí muy permeadas de esta identidad.
JE: Y justo eso les iba a preguntar, porque las primeras canciones de Sotomayor sí tienen este sonido muy marcado. Y ahora, por lo que he escuchado y por lo que había leído, hubo esta intención de hacerlo más para bailar, aunque al final el resultado no fue completamente así, como dices.
¿Cómo fue para ustedes esta evolución del sonido? De decir: “bueno, vamos a hacerlo para que la gente también se mueva más, pero vamos a respetar lo que venimos haciendo”.
SM: Sobre todo sentimos que la música latina se apoderó del mundo. Justo hoy en la mañana estaba platicando con alguien y ahorita se siente que todas las canciones o los artistas que hacían pop o hip hop, de pronto es como de: “ah, esta canción es de merengue”, “esta es una bachata”. Y cosas que hace 10 años, olvídalo, por supuesto que no iban a pasar. Incluso hace cinco años.
Yo siento que un disco como ‘Orígenes’ estaba súper avanzado en ese sentido, porque ya teníamos canciones, había una canción de merengue, no era nada más la exploración de la cumbia, sino de todos estos ritmos afrocaribeños. Y la música cambió mucho ahora, gracias a Bad Bunny y a todo lo que está pasando con el afrobeat y el reggaetón. La música de pronto se abrió al Caribe y siento que ya no era una novedad lo que estábamos haciendo.
No es algo necesariamente malo, pero queríamos darle un giro a eso. Sentíamos que si seguíamos haciendo lo que veníamos haciendo, no iba a ser suficiente. Entonces intentamos explorar esta parte de música más electrónica, buscando que encontrara su lugar de otra forma, de una forma nueva, que fueran canciones que DJs puedan tocar, más orientado al club. Inevitablemente, las canciones fueron sonando a Sotomayor, que eso es algo bueno. Nos dimos cuenta de que claramente Sotomayor tiene un sonido.
Algo que no queríamos era repetirnos a nosotros, hacer las mismas canciones que ya habíamos hecho en otros discos. Eso para nosotros no hace mucho sentido. Siempre estamos buscando que el sonido de la música se sienta novedoso. Siento que este disco de alguna forma lo logra. Se siente más integrado también a lo que está pasando, porque ahora hay muchos proyectos que hacen esto, pero al final no lo digo como queja, lo digo como algo bueno, porque el hecho de que la música latina de pronto tenga un lugar en el mainstream es algo súper bueno.
JE: Sí, eso que mencionas me parece muy interesante. Justo obviamente Bad Bunny se me vino a la cabeza, pero también Karol G, que también por ahí medio la criticaron porque después sacó un disco con ritmos caribeños.
Pero también me acordé de un disco que salió el año pasado que se llama ‘Los Thuthanaka’ que igual fue muy aclamado porque agarra estos ritmos originarios de Bolivia, los deforma, los amplía, y es muy interesante. Justo toma esto que dices de música latina y original, pero lo lleva a una experimentación, y no es que sea 100% lo más novedoso, pero sí está tomando una relevancia ahí.
Por ejemplo, viendo que su primer disco era un poquito adelantado y ahora ya se ve más seguido esto, ¿qué tan complicado es ahora explorar nuevas cosas en la música? ¿Qué tan complicado es decir: “bueno, ahora vamos a intentar, no sé si innovar, o al menos hacer algo diferente”?
SM: Pues en lo musical no lo sentimos tanto. La verdad es que eso es lo fácil. Más bien, lo difícil es integrarse a la nueva industria musical. A esta idea de: “ah, ahora no eres músico, ahora eres creador de contenido”. Y tienes que darle una canción al mes a Spotify si ese es el juego que quieres jugar. Ha sido difícil integrarse a eso, porque no necesariamente sentimos que eso es lo que queremos hacer. Pero, de cierta forma, tienes que jugar ese juego también. No ha sido tan fácil, porque la cosa está muy cambiada.
Igual una de las cosas que no hicimos para este disco, que muchos otros artistas hacen, fue tener colaboraciones. Ahorita, si tú eres un artista independiente y logras tener un featuring con alguien muy grande, claramente te impulsa. Pero siento que en esta misma etapa para nosotros hacía más sentido hacer canciones desde un lugar donde nos identificamos más, como para volver a crear, en vez de estar buscando colaboraciones.
Tampoco es que estemos cerrados a eso, porque en algún momento ocurrirán. Pero sí siento que es parte de este mismo sistema del que platicaba, que en realidad es intenso entrar otra vez a la industria cuando lo que están buscando es eso, “¿cuáles son los featurings” y todo se convierte más en un número y no tanto en talento o en musicalidad.
Se vuelve muy complejo y a veces un poco triste, pero es con lo que se tiene que batallar hoy en día. Porque al final, cuando llegas al show y sacas una canción con alguien conocido en colaboración, la gente está esperando que salga esa persona, que toques esa canción, y quizá no hay tanto interés en mucho de lo demás que viene en el disco, que también es muy valioso.
JE: Hablando justamente del show ahora para La Maraka, ¿qué es lo que traen en cuanto a visuales o qué podemos esperar de lo que vamos a ver ahí?
SM: Estamos diseñando un show que es algo que nos emociona mucho, porque lo estamos haciendo en colaboración con alguien que es muy cercano a nosotros como proyecto, que es Edi Kistler. Edi produjo los primeros dos discos de Sotomayor. Él es bajista de los Liquits, pero igual que nosotros, tuvo un periodo transformador, como dejar de tocar con ellos y hacer su propio proyecto.
Él empezó a trabajar en una empresa que se llama Coco Lab, que se dedica a hacer shows inmersivos, y aprendió un montón de esas cosas. Se acercó a nosotros y nos dijo: “Oye, nos gustaría diseñar un show para este regreso de Sotomayor”. Y la cosa va más como de sensaciones, no es una cosa tan literal como estar viendo algo en la pantalla. Va más de colores y de sensación, de generar esta idea tropical solo con luz sobre el paso del día. El show empieza al atardecer y luego termina al amanecer del día siguiente.
Y hacer este show en un lugar más pequeño sería como de: “ah, pero no tenemos pantalla, o no tenemos todas estas luces, o no tenemos estos láseres”. De pronto La Maraka es un lugar que nos funciona para poder dar este show gigante que no podríamos hacer en otro lado. Todo eso está haciendo de este show algo muy especial. Y además, sumado a esto, es nuestro primer show en seis años. Entonces es muy loco, porque todas estas cosas cuentan algo súper personal de nosotros.
Ha sido un proceso de reencontrarnos, primero nosotros como hermanos, nosotros en la parte musical, nosotros con el equipo técnico con el que trabajábamos, con los músicos, porque todas estas personas alrededor del proyecto también son nuestros amigos.
Incluso con los medios, con gente que nos dice: “Yo los entrevisté en tal festival” o “yo los entrevisté cuando sacaron ‘Conquistador’ ”. Entonces ha sido este camino de reencontrarnos con nosotros.
JE: Ya con lo que dijiste de cómo va a ser el show a nivel visual, la verdad me da muchas ganas de verlo, porque ese tipo de detalles son interesantes en los conciertos.
Oigan, y ya para terminar y esto sí me la puede contestar cada uno: ¿cómo se sienten al ver el resultado final del disco y al estar a tan poco tiempo de presentar el show?
Pau: No sé si has visto el vinil que salió de ‘WABI SABI’, pero es un vinil muy bello. Y hace unas semanas apenas lo tuvimos en nuestras manos, y es muy bonito ver cómo se concluye el trabajo y cómo también se vuelve no nada más un formato digital, sino también físico. La verdad son muchas cosas las que uno tiene que planear para que salga toda la música, para que tome forma, para que genere su propio universo. Y siento que es muy gratificante cuando ves que todo se puede lograr y que muchísima gente que te ha apoyado también es parte de esa misma cadena.
Yo personalmente siento que ha sido muy bonito todo el proceso para llegar a este punto, y hemos estado ensayando bastante para dar un súper show. Estamos súper emocionados porque ya tenemos mucho tiempo de no tocar y nos morimos de ganas.
Raul: Yo igual me siento muy emocionado y ansioso. Cuando estoy estresado no duermo, y es como el “ya quiero que pase”. Con el disco fue súper fuerte porque, no sé, el disco yo creo que lo teníamos ya terminado, así con máster, como en noviembre, quizás antes, quizá desde septiembre. Y no poder enseñarle el disco a la gente te genera ansiedad, o sea, quieres que ya pase.
Con el show ha sido lo mismo. Siento que Sotomayor era una banda que tocaba muchísimo. Siento que hay gente que ni siquiera ha escuchado nuestra música, pero nos ubica porque vio nuestro nombre en el cartel de un festival. Y siempre decimos esto de que la música hay que defenderla. No es nada más hacer el disco y que salga en un playlist y ya, hay que salir a defenderlo, montar un show y demostrar cómo la música sí puede conectar ahí, en vivo, en su forma más cruda. Es algo que extraño también. Lo hacíamos tanto que de pronto extraño eso: la dinámica con los otros músicos, entre nosotros, vernos y hacer un show, y ese sentimiento de cuando la cosa sale bien, que no se compara con muchas cosas.
Jorge Esqueda