«Prisioneromanía» en Perú: nuevo libro de Alejandro Tapía

«Prisioneromanía» en Perú: nuevo libro de Alejandro Tapía

Yo adoro al peruano

Y si alguien tiene un problema con eso, 

bien puede lamerme el ano.

Jorge Gonzalez durante una improvisación en Viña 2003

César Vallejo, poeta peruano, me ha hecho sentir fibras con sus poemas humanos: una cosa que te sacude y con la que se comparte un espacio íntimo, un reflejo. La música y las letras de Los Prisioneros han conectado de la misma manera en territorio inca. La banda chilena, compuesta por Jorge González, Claudio Narea y Miguel Tapia, demostró que, a pesar de las diferencias entre ambos países, compartían la misma realidad, las mismas dificultades y el mismo hartazgo.

Alejandro Tapia, autor de No necesitamos banderas: Los Prisioneros en Perú (Borrador Editores), lo compara con una «prisioneromanía», aludiendo al fenómeno que desató el cuarteto de Liverpool a su llegada al país americano. Los perseguían grupis en las calles, llenaban estadios, iban a la televisión y decían lo que querían sin importar las consecuencias. Esta edición, que secunda Ya viene la fuerza: Los Prisioneros 1980-1986 (Club de Fans), y que narra los inicios de la banda de la comuna de San Miguel, al sur de Santiago, ahora desmenuza el paso de la banda entre 1987 y 2003 por el país bien degustado por su ceviche.

Tapia retoma la metodología de su primer libro para elaborar el presente, en el que realizó entrevistas con miembros de la banda, colaboradores y peruanos que fueron parte de la movida, así como arduos clavados archivísticos en fondos públicos y privados. Es esa atención al detalle la que, a pesar de tratarse de un libro focalizado geográficamente, lo convierte en un ejemplar imprescindible para la colección de alguien que sigue a la banda. Por otro lado, Alejandro propone una lectura que roza lo documental objetivo con la subjetividad construida por las voces que participan en la crónica. Esto hace que el libro pueda ser leído por cualquier persona, ya que lo acerca a la tradición oral, al contar de boca en boca, donde puede haber roces de ficción, pero, al mismo tiempo, te baja el hecho con dato duro.

3 cosas que encuentras en No necesitamos banderas: Los Prisioneros en Perú

Dentro de las virtudes de este libro de Alejandro Tapia, a apreciación de quien escribe, se destacan las siguientes escenas, parte de la historia del conjunto que en México alcanzó impacto con canciones como ‘’Tren al sur’’ y ‘’Estrechez de corazón’’ en los noventa, ya en dúo:

Con «Sexo», Los Prisioneros llegan a Perú

Es con la canción que pertenece a la ópera prima del trío sanmiguelino, La voz de los 80 (1984), que empiezan a sonar en la radio FM. ‘’Sexo’’, de título sugerente y letra con un ataque a la sociedad del consumo, al ritmo de un ska y con una voz quebrada que cruje: «Las rotativas de imprenta / Ya están empezando a editar más mujeres desnudas / Y tú tienes una cara de cliente fácil…», conecta con el sentir de la juventud peruana, que en ese momento pasaba un mal rato por los de saco y poder.

Esta canción sería el comienzo, ya que dos canciones de su segunda placa discográfica, Pateando piedras, se convirtieron en himnos, tal y como lo son en Chile. ‘’Muevan las industrias’’, que con el campanear de tubos emula el sonido de las máquinas de fábricas donde despiden a obreros, entre ellos al papá del baterista Miguel Tapia. ‘’El baile de los que sobran’’ habla del futuro de los jóvenes que, después de «los doce juegos» —el estudio—, la tienen con el árbitro en contra. Una canción para patear piedra en la calle; no es gratuito que un perro acompañe la canción.

El detrás de conciertos y entrevistas virales

Los Prisioneros en Acho, Plaza de toros 19 de septiembre 1987 (Cortesía de Borrador Editores)

Durante diferentes etapas, las presentaciones de Los Prisioneros en Perú quedaron en la memoria de sus testigos. En coro, diferentes voces describen desde cómo surgieron hasta cómo se vivieron. El debut en la plaza de toros de Acho (1987) y su regreso al mismo lugar en la época de ‘Corazones’ (1991), además de presentaciones como el grupo Los Dioses (1998), conformado por Jorge, Miguel y Argenis Brito —conocido en México por ser parte del grupo juvenil Los Chamos—, así como el regreso del conjunto original con Narea (2001).

Recientemente, algunas entrevistas se han vuelto populares entre los fanáticos, chicos y grandes, de la banda sanmiguelina. Son entrevistas que la agrupación dio en Perú, donde, en particular, Jorge González, el más lúcido de ideas y palabras, decía lo que le daba la gana. Estas intervenciones televisivas proyectaban a miles de espectadores el carácter y la forma de ser de Los Prisioneros. Por ejemplo, la bizarra charla con Jaime Bayly, donde, enchaquetados de cuero, González y Tapia, junto a Cecilia Aguayo y Robert Rodríguez —integrantes en la época de Corazones—, realizan casi un performance antipromocional. Alejandro Tapia describe cómo se llegó a esas circunstancias.

Siempre quedan mal con todos

Los Prisioneros en Perú el 23 de julio 2002 (Cortesía de Borrador Editores)

A diferencia de otras bandas de la época que eran tan «nunca quedan mal con nadie», como Soda Stereo, que se disfrazaban de gringos y a las que les beneficiaba que hubiera dictadura, Los Prisioneros, en especial su líder, Jorge González, hablaban y expresaban lo que pensaban sin pelos en la lengua sobre política. Era tan recia y aguda su personalidad que enfrentaba al público ante la pifia y cualquier provocación. El país andino no fue la excepción y, como vocifera una nota de prensa de la época, «Los Prisioneros se liberan en Perú», González habla sobre el racismo entre chilenos y peruanos; se queja de la dictadura y de los malos mandos.

El libro de Tapia reafirma esa personalidad recia y rebelde de la banda. Muy a su manera, bromistas tipo Beatles ante los medios, pero ácidos. Incluso hasta formales pues cumplen el trato a capa y espada. Era tal su profesionalismo que, en una ocasión, en el programa en vivo Gisela Contigo, la conductora le echa hasta al público encima para que canten —hagan playback— a Los Dioses. Jorge González, tranquilamente, le dice que eso no estaba en el trato y que no tenían el equipo tampoco. Al siguiente día, se imprimía una cabeza que celebraba: «La furia de Los Dioses hizo llorar a Gisela» (No necesitamos banderas, p. 152).

¿Qué más puedo encontrar en No necesitamos banderas de Alejandro Tapia?

La edición contiene fotografías de la banda, tanto de paseo como trabajando, así como imágenes de archivo de época: carteles, música y recortes de revistas y periódicos peruanos que daban cuenta de una «prisioneromanía», como señala Tapia. Entre entrevistas, conciertos, archivos y testimonios, además de un diseño editorial bien hecho, No necesitamos banderas: Los Prisioneros en Perú es un libro musical que profundiza en el universo del trío de San Miguel, aquel que en sus primeros años forjó una linda amistad en el Liceo Andrés Bello, pero ahora parece que los separa una terrible maldición.

El libro lo editó Borrador Editores en Perú, pero se puede conseguir a unos clics en Buscalibre.