Apropiarse de un género ubicado en la cúspide de la popularidad musical de México, y otras partes del mundo, no es tarea fácil; sin embargo, cuando se combina una voz resonante con las raíces íntimas de toda una vida, no hay soga que pueda frenar a Julieta Venegas y el origen de 'Norteña'.
Evidencia de ello, fue manifestado el pasado 17 de junio en el Auditorio Nacional, un sitio conocido por su eminencia histórica y cultural; donde un par de botas plateadas sostenidas por una figura humana, envuelta en rosa satín, hicieron retumbar sus paredes y butacas al ritmo de una historia musical.
El “Coloso de Reforma” se llenó de prendas compuestas por sombreros, paliacates, botas y una que otra camisa al estilo cowboy, síntoma de la cercanía con la narrativa de Venegas en 'Norteña'. Desde las escaleras del recinto los cuchicheos, las risas y los gritos no se aminoraban ante la lluvia, que parecía imperceptible frente a la emoción de los fanáticos de la norteña.
Al exterior, una multitud jubilosa; sobre el escenario, lámparas, sillas, mesas, sillones, floreros y cajas de refresco que recordaban a las casas tradicionales de casi cualquier abuela de los noventa, solo retocado por un tono amarillento que veía su fin sobre una circunferencia que mostraba una carretera desértica infinita.
Asientos sin ocupar y zonas sin personas fue un mal que amenazó por poco tiempo al recinto aquella noche, pues en menos de 15 minutos el Auditorio Nacional lucía repleto de personas de todas las edades, quienes en punto de las 8:40 de la noche entonaron un grito ensordecedor en respuesta al primer paso de Julieta Venegas sobre el escenario.
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Los gritos incrementaron cuando “Tiempos Dorados” soltó su inconfundible requinto, con el que Julieta Venegas se mostró por completo con un collar dorado, pañoleta blanca a las caderas y dos coletas embrolladas por listones rojos que se meneaban al ritmo de la canción.
La escenografía no era casualidad, sino un símbolo de la intimidad que solo el hogar puede contener, aunque a veces también la música se adueña de esa función. Con manos al cielo y una simultaneidad vocal del público, la norteña se apropiaba del escenario.
Luego las luces dejaron atrás el amarillo para transitar al blanco, que iluminaban al instrumental que entonaba “La Línea”. "Mi Ciudad de México que maravilla estar aquí está noche (…) Felices de que estén aquí, muchísimas gracias", dijo Julieta Venegas con una sonrisa y dos mejillas que parecían un espejo del color que la vestía.
Pronto, “Ese Camino” engrandeció los sentimientos de los asistentes que solo encontraron salida a través del clamor.
Sin freno a la animosidad, la aparición de El David Aguilar empalmó adecuadamente el andar de Venegas sobre el escenario, quienes mediante una complicidad escénica hicieron al público entusiasmarse con “Caprichos del Azar”.
Los clásicos y las novedades unidos al estilo 'Norteña'
La norteña siempre estuvo ahí, en cada sonido que revolucionó la manera de hacer música durante los años dos mil; sin embargo, durante esa noche logró conectar sus melodías con la propia narrativa de 'Norteña'. “Oleada” y “Algo Está Cambiando” fueron reinterpretadas al estilo regional mexicano, que dejó entrever la mezcla de universos sonoros de la artista.
Las luces amarillas regresaron y empaparon a los asistentes, quienes finalizaron el dúo de canciones al paralelo grito que decía: ¡Julieta! ¡Julieta! ¡Julieta! Acto que dejó entrever una sonrisilla más entre los labios de Venegas.
La artista ya había hecho del Auditorio Nacional su propio hogar, donde cada grito del público se convertía en una fotografía más sobre la mesa. Como en cualquier casa la serenidad es parte de la rutina, es por lo que durante “Amigas”, en compañía de Girl Ultra, y “La Nostalgia”, Julieta Venegas se apoderó del teclado para potencializar la emotividad de las canciones.
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Más tarde, llegó el desasosiego con “Leyendas de Tijuana” y “Despedida” en la que los pies empezaban a despegarse aún más del suelo; al igual que uno de los fanáticos hacía girar su camiseta al aire y se coronó cuando Julieta Venegas dijo: “Una amiga y un mezcal cuando todo está mal”, para entonar “Tengo que Contarte” y “Despechada Mexicana”.
El concierto llegaba a la mitad y “Esquina del mar” hacía menear a Julieta Venegas con un dominio sobre el escenario, que la hacía explotar con elegancia entre las luces azules y los gritos del otro lado del escenario. El bailoteo de Venegas continúo con “Volver a Ti” en compañía de Israel Belafonte, vocalista de Belafonte Sensacional, y los cientos de brazos al aire que se movían al ritmo de la cadencia de ambas voces.
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De pronto, la banda salió del escenario y apareció una luz cenital sobre Julieta Venegas, quien frente al sosiego del público interpretó “Callaron las Canciones” y “Lento”. Las melodías le valieron a la artista 25 segundos de aplausos en medio de una ola de luces blancas que se agitaban con lentitud cuando el silencio en el auditorio estaba ausente.
Luego, entre aplausos apareció Santiago Casillas, vocalista de Little Jesus, quien se unió a Venegas para interpretar “Lo Que Va a Pasar” con quien mediante un caminar pausado lograron emular el coqueteo que expone la canción.
La noche siguió su curso – la camiseta siguió girando por los aires- y fue con “Te Celebramos” que Julieta Venegas dejó la elegancia y timidez para zapatear y valsar sobre el escenario. El público replicó el actuar de la artista, quienes comenzaron a menearse y bailar con los sonidos identitarios del lugar que vio crecer a la norteña.
Un palomazo frenaría la enjundia del recinto. “No Me Vuelvo a Enamorar”, un cover de Juan Gabriel, fue el intermedio entre “Te Celebramos” y “Terca”, que marcarían el final del segmento dedicado a 'Norteña' con más ni menos que un grito ranchero entonado al cielo.
Las infaltables de Julieta Venegas en CDMX
Todo artista tiene melodías que han enriquecido su trayectoria y que, sin duda alguna, son pieza clave de sus presentaciones para llevar al público por un viaje entre la nostalgia y el recuerdo. En el caso de Julieta Venegas, la lista es grande.
Las paredes del Auditorio Nacional vibraban en paralelo a la vehemencia del público, que al primer sonido de “Andar Conmigo” lanzó un grito atronador. La norteña danzaba sutilmente sobre el escenario cuando una segunda voz sonó dentro del recinto, aquella que hizo dupla a Julieta Venegas y reconfiguró el ritmo de la canción, mas no la esencia.
En compañía de Majo Aguilar, la norteña entonó una de las primeras canciones que se convirtieron en himno dentro de su música.
"Y hablo por todos, gracias por tantas canciones tan hermosas que nos has dado en nuestra vida", dijo Majo Aguilar al finalizar.
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Entre luces rosas comenzó a sonar “Eres para mí” y le siguió “Mismo Amor”, melodías que reinterpretadas con el güiro, clarinete, flauta, saxofón y trompeta no paraban de hacer saltar y bailotear a todo el recinto.
La camiseta continuaba girando por los aires y la misma línea de ánimo seguiría con “Algún Día”, en la que decenas de luces amarillas comenzaron a ser alzadas y la agitación de las personas era ininterrumpida.
"Esto es un sueño (…) que nos pueda seguir conectando la música. Me voy muy feliz; no voy a decir adiós nunca, sino hasta pronto, muchas gracias Ciudad de México, te quiero muchísimo", dijo Julieta Venegas.
Las luces se apagaron y Julieta Venegas salió del escenario, solo para dar la pequeña pausa obligatoria que pretende que la euforia del público se eleve al pedir una más; solo un minuto pasó cuando estaba de nuevo frente a los asistentes, quienes entre gritos y aplausos la recibieron para un último estirón musical.
La conexión entre generaciones relució con “A Dónde Va el Viento” y “Limón y Sal”, las cuales fueron coreada al unísono, para finalizar con “El Presente”, canción que desencadenó un cataclismo de aplausos, gritos y sonrisas.
'Norteña' era un sonido vibrante que resonaba en el interior de Venegas desde hace tiempo, pero no había hallado cabida completa en ninguna melodía, hasta ahora que logró su escape y se mezcló en las nuevas historias de sus seguidores, quienes ya probaron del universo hogareño que logró confeccionar mediante la honestidad y transparencia que mantiene viva su esencia.
La noche llegó a su fin, el concierto se volvió casa y con ello Venegas demostró, una vez más, que las canciones no conocen de tiempo, pues retumban en cada una de las historias, los corazones y las memorias de quienes por más de 20 años, y aquellos que se suman, siguen coreándolas. Y, por cierto, la camiseta nunca dejó de girar.
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José Solorzano